Guaimaral Magdalena :: A Guaimaral (Poesía)

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A GUAIMARAL    (VV-005)


Guaimaral rica tierra de mango,
de naranjas, pomelos y tamarindos.
En tus ciénagas aledañas hay fango,
donde crecen galápagas y bocachicos.
Arriba, en oriente queda Mulengue,
hacia el norte, Poncio y El Corocito,
Caño Grande y Guillén al occidente
y Saballo, la legendaria, en el sur-cito.

Dizque tienes vastos kilómetreros,
de humedales, tierra fértil y buenas,
que alojaron a bastantes forasteros
y a todos calmaron muchas penas
Ya murieron todos aquellos viejos,
se llevaron a la tumba tu historia;
porque nadie de tus letrados hijos
la escribió, antes en su memoria.

Por tus calles: grama y suelta tierra,
otrora corría el pollino garañón,
tras su alborotada pollina cerrera,
rebuznando desde el vasto playón.
Luego, justo en la concurrida plaza,
entre chanzas y risas de la gente,
encaramado en sus sensuales ancas,
saciaba, afanado, su recio tolete.

SOS, la criolla gallina de repente,
lo mismo que el gordo cerdo,
porque ya se halla cerca la peste,
triste cacarea y gruñe de miedo.
Da mucha tristeza, año tras año,
ver morir y botar tanta comida,
que en todos los patios aledaños,
se cría, comiendo pastos y semilla.

Saballo, ciénaga exuberante y bella,
dicen que tiene una misteriosa luz,
que aparece e ilumina, cual estrella,
sus tapones de taruya y de Cusú.
De su fértil lecho, para siempre,
hace años, el Sábalo desapareció;
era un gran pez, de carne salobre,
afirma nostálgico quien lo comió.

Solas, Vanega, Guillén y Las Flores,
tristes lloran la insensata extinción,
de su biótica, riquezas y sabores
y su otrora abundante producción.
En el mítico Guaguaco y Peralejo,
en el Caño Grande y otros por allí,
ya no grita el esquivo Ponche viejo,
ni corre, sobre el agua, el Guataquí.

La multicolor guacamaya, el verde loro,
en los extensos maizales y mangos,
ya poco arman su burlesco coro,
como era en cosechas y fandangos.
Ya  no existen las trojas ni caneyes,
donde el guineo y la fruta destilaba,
en bongos se la echaban a los bueyes
y al cerdos que pronto se engordaba.

Ayes y ayes, en los días de pesares,
del Guaimaral de ayer, sin fronteras;
porque, día a día, en rústicos telares,
sus mujeres, afanadas, tejían esteras.
Esperaban, al final ganar un vil dinero,
entre el llanto de su hambrienta prole.
Mas, el cruel mal, fijo venía primero,
pagando lágrimas, tristezas y dolores.

Qué pasa a los actuales Cabellones,
han perdido acaso su conciencia,
sepan que si mueren los playones,
aparecerá, por doquiera la violencia.
Seguro que acosados por el hambre
cual fiera, hasta los niños por aquí
tras un mero hueso de ave o de bagre
cierto, para comer, se matarán entre sí.

Guaimaral, noble tierra de gracia,
de anhelos, sueños y esperanzas,
poco veo de tu otrora abundancia
hay llanto en  tu sufrida lontananza
tus pesares, desdeño y la nostalgia,
me producen  tristezas y añoranzas.

¡Que surja de tu gente alguna magia

y en tu suelo restituya cuan bonanza!


                                                                                     Por: UVC


Unknown

Autor, Economista, Catedrático, Asesor Académico e Historiografo

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