El Agua Mas Sabrosa (Apólogo)

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EL AGUA MÁS SABROSA


Cuentan que en cierta ocasión dos hombres viajaban a pie en pleno verano por las Sabanas Costeñas. Después de varias horas de recorrido, cansados y sedientos, llegaron hasta un resumidero, donde aun la sombra de los Peralejos conservaba un charco de agua. Los dos caminantes saciaron allí su sed, reposaron un poco y reconocieron aquella oportuna agua como la más sabrosa que habían tomado en su vida. Llenaron sus calabazos y con una actitud egoísta decidieron escupir gargajos, defecar y orinarse en el oportuno charco, para que ningún otro tomara su agua. Los sujetos reanudaron su viaje, seguros que en mucho tiempo no volverían a pasar por allí y si les tocaba se cuidarían de llevar suficiente reserva de agua. Partieron mofándose por que las demás personas usuarias obligadas del charco ya no tomarían aquella sabrosa agua que ellos disfrutaron, sino sus excretas.
Pero el destino los castigó, pues se extraviaron en la inmensa sabana, de tal manera que varios días después seguían deambulando en los alrededores. Sedientos, bajo el ardiente sol y ya con sus calabazos vacíos, llegaron nuevamente al charco de los Peralejos, el cual, contrario a su normal cristalinidad, ahora lucía cubierto por una gruesa  nata de color amarillento, sobre la que un enjambre de moscas azules revoloteaba produciendo un agudo zumbido, en tanto que una colonia de voraces gusanos la surcaba. Debajo de aquella hedionda nata un turbio líquido expedía un penetrante olor como de orines descompuestos.

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Pero la sed acosó y acosó a los dos insensatos sujetos, quienes parados en la orilla del charco, se vieron obligados a separar con sus propias manos la nata, contener el olfato, acercar su boca directamente al charco y tomar de la fétida mezcla.


Luego de saciar su insoportable sed, arrepentidos de  su insensatez, exclamaron que aquella definitivamente si era el agua más sabrosa que habían tomado en toda su vida. Por eso, nuevamente llenaron sus calabazos con aquel amoniacal líquido, pudieron encontrar el camino y reanudaron su viaje, prometiendo y enseñando  a todos que siempre cuidarían el agua aunque ya no la necesitaran.      (Autor: Anónimo)


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Autor, Economista, Catedrático, Asesor Académico e Historiografo

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